LAS “NO ENFERMEDADES”. LA MEDICALIZACIÓN DE SITUACIONES NO PATOLÓGICAS.


He leído en el número 1775 de la revista JANO, del mes de octubre de 2011, una interesante reflexión de Ignacio Pérez-Ciordia (Centro de Salud de Tafalla, Navarra), con el título  de “Las no enfermedades y la medicalización”.

Comienza el artículo con una frase de más de 25 años de historia, pero con una vigencia alarmante: “en los países desarrollados, la obsesión por un salud perfecta se ha convertido en el factor patógeno predominante”.

Seguro que a más de uno nos asalta en seguida la impresión de que esta sociedad nuestra (sí, digo “sociedad” porque, tal y como argumentaré más adelante, no creo que podamos hablar de un único responsable, sino de una culpabilidad o responsabilidad compartida entre múltiples actores sociales) ha convertido en un problema sanitario situaciones que realmente no lo son, medicalizando y probablemente iatrogenizando a muchas personas realmente sanas.

Define el autor la “no enfermedad” como “un problema humano catalogado desde alguna instancia como una condición médica, para el que se obtendrían mejores resultados si no fuera considerado y tratado así“. Confundimos por tanto sufrimiento con enfermedad.

Como ejemplo plantea el aumento de sensibilidad para el diagnóstico que conlleva el desarrollo tecnológico, disminuyendo el umbral a partir del cual se deben tratar determinadas condiciones como la diabetes, la hipertensión, la osteoporosis,… y así nos vemos en la dificultad de definir lo que es o no es enfermedad, hablando de “preenfermedades” (prediabetes, prehipertensión, preosteoporosis…). Advierte el autor del riesgo inherente de mercantilización de la enfermedad y de medicalización de la vida.

Medicalizamos así las preenfermedades, los fenómenos sociales (vejez, soledad, infelicidad,…), las circunstancias naturales (el embarazo, el parto, el “jet lag”…)… y eso nos lleva más a menudo de lo deseable a tratar a personas sanas con medicamentos caros, con efectos secundarios y que en realidad no necesitan, en un efecto perverso de la medicina institucionalizada. Afirma así el autor que la enfermedad ha pasado a convertirse en un proceso industrial, en el sentido de que son las empresas farmacéuticas y algunos grupos de interés, respaldadas por algunos grupos de pacientes, quienes inventan las dolencias. Enumera el autor 4 postulados de la medicalización de la vida y el comercio con las enfermedades:

  • Los sucesos normales de la vida: la caída del cabello, el luto familiar,… se consideran problemas médicos y por tanto susceptibles de ser tratados. Además, esto se ve potenciado por la “necesidad” de establecer un diagnóstico en la consulta, para contentar al paciente y al propio médico. Al establecer un diagnóstico catalogamos a las personas de enfermas y combatimos su proceso mediante medicamentos.
  • La consideración de factores de riesgo como enfermedad: nuevamente enfatiza el autor el problema de los fármacos preventivos, culpabilizando a las empresas farmacéuticas que priman sus beneficios sobre la ética en la toma de decisiones. Así, personas que no presentan ningún tipo de problema son declaradas pacientes únicamente por sus factores de riesgo (el autor pone el ejemplo de los perfiles genéticos).
  • La consideración de síntomas raros o leves como grandes epidemias o enfermedades graves: utiliza como ejemplos la disfunción sexual, el colon irritable o la gripe A.
  • La importancia del consumidor final: el autor carga nuevamente contra las empresas farmacéuticas, considerando que tratan cada vez más de captar al cliente potencial o consumidor, potenciando la necesidad de realizar tratamientos médicos por medios publicitarios, fomentando la creación de personas afectadas y grupos de autoayuda, todo ello como medio de presión sobre el médico, bajo la consideración engañosa de “tener al paciente informado”.

Tal y como dice el autor, existe el peligro de convertirnos en una sociedad hipocondríaca sana. 

Concluye el autor afirmando que la amplia medicalización contribuye decisivamente a que los sistemas sanitarios ya no sean sostenibles. Cuando hay personas sanas que disputan los recursos a los enfermos reales, es el propio sistema solidario lo que se pone en duda.

Tal y como comentaba al principio, y si bien el artículo en una primera lectura parece acentuar la responsabilidad sobre las compañías farmacéuticas, creo que sería muy injusto derivar toda la culpa de la situación sobre ellas. El trasfondo del problema es mucho más complejo y profundo. La pérdida de valores tradicionales de nuestra sociedad hedonista tiene buena parte de responsabilidad en que hayamos llegado a una situación como ésta. Crecemos con una nula tolerancia al sufrimiento, exigiendo el derecho a la felicidad absoluta y continua, despreciando la cultura del esfuerzo… y exigiendo que alguien nos solucione nuestro problema, aquel al que rehusamos enfrentarnos con nuestras propias herramientas.

Por supuesto los médicos también, que a veces hemos sido poco críticos con nuestras propias actuaciones, poco rigurosos con nuestros pacientes (no estoy haciendo un ataque a la profesión, sólo quiero hacer un ejercicio de autocrítica; es indudable que todos -bueno, tal vez no debería decir tanto; diré mejor que a mí sí me ha pasado- en algún momento hemos realizado prescripciones de complacencia, aún cuando hemos estado convencidos de que el paciente no necesitaba realmente el tratamiento, pero… después de 24 horas de guardia… ¿quién se va a discutir con el paciente que quiere a toda costa ese medicamento…?).

Y sí, también, la industria farmacéutica, que efectivamente promueve el mercantilismo de los medicamentos tal y como comenta el autor del artículo. Sin embargo, creo debemos romper también una lanza a su favor. La investigación y los progresos en Medicina no serían posibles sin la iniciativa privada. Y si estas empresas no son rentables, no pueden colaborar en ese desarrollo. Por ello es imprescindible para ellas obtener beneficios con su actividad. Pero, sin dejar de lado este objetivo, por la importancia de su campo de actuación que es la salud, se les debe exigir un plus de compromiso ético con la sociedad. De igual manera que el médico cuyo compromiso es el cuidado de la salud de su paciente, las compañías farmacéuticas deben comprometerse con el cuidado real de la salud de la población.

13 pensamientos en “LAS “NO ENFERMEDADES”. LA MEDICALIZACIÓN DE SITUACIONES NO PATOLÓGICAS.

  1. Pingback: LAS “NO ENFERMEDADES”. LA MEDICALIZACIÓN DE SITUACIONES NO PATOLÓGICAS POR EL Dr. JOSÉ LUIS CARIDE EIRA « LA BOLSA DEL MERCADER 2.0

  2. Estupendo post querido amigo.

    Me lo llevo para tu otro blog con la esperanza de que lo lean.
    Un saludo José Luis.
    P.D.:
    Ya esta aquí en Sevilla “LA CALÓ”

    !!Que asco miarma de clíma!!

    Un abrazo.

    Manolo.

    • Gracias por el halago!🙂
      Es una reflexión en voz alta, nos debe hacer pensar a todos, tal y como me ha estimulado a mí el artículo original, cosa que tengo que agradecer a su autor, Ignacio Pérez-Ciordia.

      Ánimo con el veranito; por aquí aún nos alivia la brisilla y alguna tormenta esporádica que refresca, pero ya va subiendo el termómetro… ¡tiempo de cervecita bien fresquita en copa congelada!!!

      • !!Que suerte tienes de esta en el mediterráneo, allí es más suave la brisa!!

        Un “caluroso” saludo amigo,

        Manolo.

  3. Mi opinión es que el colectivo Medico somos en gran parte responsables de esta “sociedad hipocondriaca sana” ya que hemos prescrito con cierta ligereza medicación en situaciones que no lo requerian ( quizá si hubieramos dedicado tiempo a explicar al paciente el origen de sus supuestas dolencias y la no necesidad de medicinas hubiera sido distinto ).
    En otras ocasiones nos hemos encontrado con mucha presión e incluso quejas por parte de los pacientes por no recetarles lo que ellos esperaban ante las supuestas dolencias que decian presentar.
    Creo que actualmente el intentar hacer entender a la población en general que no se necesitan tantos medicamentos como se han venido utilizando y que hay muchas situaciones que son fisiologicas y no patologicas es una tarea dificil pero……. no imposible.
    Por mi parte hace mucho tiempo que me puse a ello.
    saludos¡

    • Muy loable tu actitud al afrontar de raíz este problema, lo que hace que se dignifique más aún tu profesión.
      Aplaudo tu gesto y lo comparto.
      Un saludo.
      Martin Lasky

    • Me uno también a tu comentario. No podemos reducir todo a una pastilla o a una operación cuando antes hay otras medidas que podemos tomar para intentar solucionar el problema. Dieta antes que hipocolesterolemiantes, ejercicio antes que antihipertensivos, afrontamiento de problemas antes que antidepresivos, … hay tantas cosas que podemos hacer, pero… requieren un esfuerzo activo. Por supuesto, en muchos casos será necesario el tratamiento, pero lo de “ya me tomaré la pastillita para el colesterol, ahora déjame disfrutar de estos callos…” es demasiado frecuente!!

  4. Gracias por tu comentarios Martin Lasky y aprovecho para felicitarte por tu blog el cual he conocido a través de nuestro amigo en común Jose Luis.
    Enhorabuena a tí tambien Jose Luis por este proyecto que ya ha cumplido su primer año¡¡¡¡

    • Muchas gracias a ti por preocuparte por los pacientes y muchas gracias por visitar mi blog que desde aquí quiero hacerte a ti también extensible que allí tienes tu casa y a mi para cualquier cosa.
      Un saludo.

      Manolo.

    • Muchas gracias, Manolo y Puri; es cierto, en la vorgine diaria no me haba dado cuenta de que el blog ya me ha cumplido el ao… se me hace mayor…!!! Gracias por entrar tan a menudo! El 17/05/2012, a las 23:39,

      • Las que tú te merece por esta ahí siempre para echarme un cable cuando tengo dudas sobre tu profesión.
        Un abrazo.

        Manolo.

  5. Como persona “lega” en medicina, abono absolutamente lo difundido en el blog. Resulta tan esclarecedora la descripción del tema como un tanto aterradora y deleznable la conducta de algunos centros de “interés” que comienzan con una sociedad “cultivada” para ser hipocondríaca por laboratorios, farmaceúticos y médicos de todo tipo de especialidades que coadyuvan notablemente en mantener “cautivos” en esa creencia a tantas personas en todo el mundo. Espero haber sido claro, perdón si no lo fui. Adhiero totalmente a lo expresado y felicito a su autor. Juan Carlos Bertone – Buenos Aires – Argentina.

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